sábado, 25 de agosto de 2012

Derivados. Las nuevas drogas de diseño


Los derivados te dan la sensación de entrar en la Bolsa con poco dinero y ganar grandes sumas. Es decir te proporcionan un viaje a un precio muy módico. Esto se consigue con lo que llaman apalancamiento por el que el banco presta al cliente un alto porcentaje de la inversión, es decir le cede prestado un subyacente, entonces el cliente puede especular con ese subyacente a la alza o la baja. Si  el viaje se pone "chungo" tiene que devolver lo perdido dependiendo de la pérdida e incluso podría perder toda la inversión inicial más lo que sea necesario para restablecer el equilibrio. http://foros.expansion.com/laboratorio/109208-compra-a-credito-o-perder-hasta-camisa.html.

Este temor a afrontar el pago de enormes garantías les lleva a adoptar estrategias de lo más variopintas. Una de ellas es la de operar en períodos de cinco minutos para no perder demasiado dinero. En su paranoia esquizoide buscan ventanas por donde saltar víctimas de una alucinación audiovisual. La droga les hace creer que están entre ese 1% que gana a la Bolsa de forma habitual. Creen codearse con Soros, con los tiburones de las hedge funds.

Los nuevos drogadictos de medio mundo cocinan en sus casas drogas de diseño que emulan las metanfetaminas y que sintetizan derivados de ciertos opiáceos.

Scalping es una nueva droga que cocinan. Se unen a las tendencias aunque estás cambien con una rapidez asombrosa y a velocidades de vértigo, ellos creen que miden más de tres metros de alto, llevan un escudo blindado que protege su dinero, pero el scalping sólo les lleva a un lugar oscuro y tenebroso de su cerebro al que nunca desearán volver. Un drogadicto que probó el scalping aseguró a los médicos que en su alucinación creyó que estaba en un manicomio tenebroso y que había sido poseído por Jason Voorhees, el asesino de la máscara de hockey de las películas de Viernes 13.

El problema de estas drogas de diseño es que si las sintetizas en un laboratorio, en unas condiciones higiénicas adecuadas y con productos de buena calidad con buenos profesionales con miles de millones preparados para ir de forma coordinada contra cualquier subyacente en apuros como los bonos soberanos o la divisa, el cuelgue es largo y el síndrome de abstinencia es llevadero. Todo lo anterior tiene una expresión  de dinero: meterse droga de buena calidad y viajar a lomos de un caballo es caro.

El problema de los yonquis que sintetizan estas drogas desde los ordenadores de su casa de forma barata y chapucera es que acaban viajando a lomos de un burro durante cinco minutos directos hacia un precipicio, por eso cuando alguien es un quinqui macarra, acaba metiéndose scalping- un sustituto barato de la metanfetamina que utilizan las hedge funds. Claro que el scalping te devora la carne pero qué se puede esperar cuando viajas por unos euros con unas acciones prestadas, aunque tu esperanza de vida acaba siendo de dos años, pero es lo que pasa cuando sintetizas algo con ayuda de gasolina y un reactivo como el salfumán.

En cuanto un yonqui se inyecta en vena el scalping, la zona de alrededor comienza a gangrenarse y todo el tejido se va descomponiendo. El scalping devora y el yonqui se pudre.

Al final, poco antes de la muerte, la escena de un scalping adicto es la de un zombi: la piel gangrenada se cae, huesos al aire, miembros amputados, cerebro destruido.

Lo malo es que en ese trayecto de la adicción estos yonquis se vuelven muy agresivos, provocando hipetermia, un golpe de calor que da la sensación de que sus órganos se están friendo junto con una sensación de euforia que les hace menospreciar a cualquiera convirtiéndoles en caníbales frenéticos que sienten la necesidad de devorar a inversores consolidados y disciplinados con décadas de experiencia y formación en los mercados que acumulan muchos éxitos a sus espaldas.

No hay duda de que el incremento en el consumo de estas drogas de diseño entre los especuladores es motivo de preocupación y es labor de los órganos reguladores el erradicar esta plaga.

Jorge de Lalama



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