miércoles, 7 de octubre de 2009

Evolucionismo de mercado. Jorge de Lalama. Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. Keynes. Capítulo IV. Parte VII.

El cese repentino de las nuevas inversiones después de la crisis conducirá probablemente, a una acumulación de existencias excedentes de artículos no terminados. Los costos de almacenamiento de éstas rara vez serán inferiores al 10% anual. De este modo, la baja de su precio necesita ser suficiente para provocar una restricción de las mismas que obligue a absorberlas en un periodo de, digamos, tres a cinco años a lo sumo. Ahora bien, el proceso de absorber las existencias representa inversión negativa, lo que también es contrario a la ocupación; y cuando haya pasado se experimentará un alivio positivo.

Una baja importante en la eficiencia marginal del capital tiende a efectuar de forma adversa la progresión a consumir; porque entraña una disminución considerable en el valor del mercado de los valores de rendimiento variable en la bolsa.

Ahora bien, esto ejerce naturalmente una influencia muy depresiva sobre las personas que toman interés activo en sus inversiones en la bolsa de valores, especialmente si emplean fondos prestados; la disposición a gastar de esta gente está quizá aún más influida por las alzas y las bajas en el valor de sus inversiones que por el estado de sus ingresos. Con un público de "mentalidad accionista" como el de US en la actualidad, un mercado de valores al alza puede ser condición casi esencial de una propensión a consumir satisfactoria; y esta circunstancia, generalmente desdeñada hasta hace poco tiempo, sirve evidentemente para agravar más aún el efecto depresivo de una baja en la eficiencia marginal del capital.

El deber de ordenar el volumen actual de inversión no puede dejarse en manos de particulares.

Sobreinversión indica un estado de cosas en el que cada clase de bienes de capital sea tan abundante que no haya inversión nueva que prometa, aun en condiciones de ocupación plena, ganar en el curso de la duración más que en el costo de reposición. Cualquier inversión posterior será sólo un puro desperdicio de recursos. La inversión se hace en condiciones inestables que no pueden perseverar, porque aquélla obedece a expectativas que están condenadas a no realizarse.

Evitar las depresiones y conservarnos de este modo en un cuasi auge continuo.

En 1929 las nuevas inversiones durante los cinco años anteriores se habían realizado en tan enorme escala en conjunto, que el rendimiento probable de posteriores adiciones estaba descendiendo con rapidez. Una previsión correcta habría abatido la eficiencia marginal del capital a una cifra de nivel bajo sin precedentes; de manera que el "auge" no hubiera podido continuar sobre las bases firmes, excepto con una tasa de interés a largo plazo muy pequeña y evitando la inversión mal dirigida en direcciones particulares que estaban en peligro de ser sobreexplotadas. De hecho, la tasa de interés era lo bastante alta para desanimar las nuevas inversiones, excepto en aquellas ramas particulares que estaban bajo la influencia del estímulo especulativo y, por tanto, en peligro especial de ser sobreexplotadas.

Así un aumento de dicha tasa, como alivio para el estado de cosas derivado de un prolongado periodo de inversiones anormalmente fuertes, pertenece a esa clase de remedios que curan la enfermedad matando al paciente.

El remedio estaría en varias medidas destinadas a fortalecer la propensión a consumir, redistribuyendo los ingresos, o de otro modo, de manera que un nivel dado de ocupación requiera un volumen menor de inversiones corriente para sustentarlo.

Un influjo de dinero a un país significa un eflujo en otro; de manera que los efectos adversos de los costos crecientes y las tasas de interés descendentes en el interior pueden reforzarse (si la política mercantilista se lleva demasiado lejos) por los costos decrecientes y las tasas de interés ascendentes en el exterior.

UK, en los años de pre-guerra del s.XX, proporciona un ejemplo de país en que las excesivas facilidades para los préstamos al exterior y la compra de propiedades en el extranjero impiden a menudo la baja de la tasa de interés que era necesaria para asegurar ocupación plena en el interior.

Una balanza comercial desfavorable puede producir pronto un estado de depresión persistente.

El deseo de los individuos de aumentar su riqueza personal, absteniéndose del consumo, ha sido generalmente más fuerte que la inclinación del empresario a aumentar la riqueza nacional, empleando trabajo en la producción de bienes durables.

El capital se forma no por la propensión a ahorrar, sino como respuesta a la demanda resultante del consumo actual y probable.

Los principales inconvenientes de la sociedad económica en que vivimos son su incapacidad para procurar la ocupación plena y su arbitraria y desigual distribución de la riqueza y los ingresos.

Desde finales del s. XIX. se ha logrado un considerable progreso en la disminución de las grandes diferencias de riqueza y de ingresos por medio de la imposición directa- impuestos sobre los ingresos e impuestos sobre las herencias-, especialmente en UK.

La experiencia sugiere que, en las condiciones existentes, el ahorro por medio de instituciones y de fondos de reserva es más adecuado, y que las medidas tendentes a redistribuir los ingresos de una forma que tenga probabilidades de elevar la propensión a consumir pueden ser positivamente favorables al crecimiento del capital. Es claro que una política fiscal de altos impuestos sobre herencias tiene el efecto de aumentar la propensión a consumir de la comunidad.


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