viernes, 23 de octubre de 2009

Evolucionismo de mercado. Jorge de Lalama. Capítulo V. El inversor inteligente de Benjamin Graham. Parte V.

Las acciones de empresas de segundo orden fluctúan más que las empresas importantes, pero eso no significa necesariamente que un grupo de empresas bien establecidas, aunque de menores dimensiones, vayan a conseguir unas rentabilidades menos satisfactorias a lo largo de un período relativamente prolongado.

No será muy probable que el inversor serio crea que las fluctuaciones de un día a otro, o incluso las fluctuaciones de un mes a otro, del mercado de valores vayan a enriquecerle o empobrecerle.

Si no puede aceptar que su cartera baje un 33% entonces no reúne usted las condiciones para llamarse inversor.

A medida que sube el mercado venderá acciones de su cartera, y destinará los ingresos a obligaciones; cuando el mercado baje, hará lo contrario. Si es el tipo de inversor adecuado, encontrará satisfacción adicional en el hecho de que sus operaciones sean exactamente contrarias a las que realiza la multitud.

Las empresas de éxito cotizan muy por encima del valor neto de su activo o patrimonio (valor contable o valor de balance).

Cuanto mejor son los resultados y las perspectivas de una empresa, menos relación tendrá el precio de sus acciones con su valor contable. Una mayor parte de este valor dependerá del cambiante humor y de las mediciones del mercado de valores. Por lo tanto, de esta manera llegamos a la paradoja final en virtud de la cual cuanto más éxito tenga una empresa, mayores serán las fluctuaciones en el precio de sus acciones. Esto significa, a la hora de la verdad, en un sentido muy real, que cuanto mayor es la calidad de una acción, más especulativa será.

El principal interés del inversor consiste en adquirir y mantener unos valores adecuados a unos precios adecuados. Los movimientos del mercado son importantes en un sentido práctico, porque, alternativamente, crean niveles de precio reducido a los que resulta inteligente comprar o niveles de precio elevado a los que indudablemente debería abstenerse de comprar y probablemente haría bien en vender.

No compre nunca una acción inmediatamente después de una subida sustancial, ni tampoco la venda inmediatamente después de una bajada sustancial. Es decir nunca compre porque haya subido o venda porque haya bajado.

Los buenos equipos directivos consiguen buenas cotizaciones medias de mercado, mientras que los malos equipos directivos consiguen malas cotizaciones de mercado.

Los que tenemos una prolongada experiencia en Wall Street hemos visto en acción la ley de Newton de acción y reacción, iguales y opuestos que ha operado repetidamente en el mercado de valores, siendo el ejemplo más llamativo que se puede mencionar la subida del DJIA desde 64 en 1921 a 381 en 1929, seguido por una caída histórica hasta 41 en 1932.

La felicidad de quienes ansían la popularidad depende de los demás; la felicidad de los que persiguen el placer fluctúa con los estados de ánimo que no pueden controlar; sin embargo, la felicidad de los sabios surge de sus propios actos libres. Marco Aurelio.

Si se niega a permitir que el Señor Mercado rija su destino, dejará de ser su señor y lo transformará en su siervo.

En 1999 aunque las acciones de alta tecnología y telecomunicaciones estuviesen más recalentadas que un trozo de pizza en un piso de universitarios, miles de acciones de la vieja economía (no tecnológicas) se quedaron heladas por el desinterés, y su cotización bajó cada vez más.

-Si los inversores que han depositado dinero en los fondos quieren retirar su dinero cuando el mercado pierde valor, los gestores pueden verse obligados a vender acciones para poder atender a esas solicitudes de fondos.

De la misma forma que los fondos se ven obligados a comprar acciones a precios sobrevalorados en los períodos alcistas del mercado, se ven obligados a vender cuando las acciones se abaratan.

La principal causa del fracaso en los inversores individuales es que presta excesiva atención a lo que está en el mercado.

No es posible controlar si las acciones o los fondos que compra van a tener mejores resultados que el mercado hoy, la semana que viene, el mes que viene, o este año; a corto plazo, su rendimiento siempre será rehén del Sr. Mercado y de sus caprichos.

El objetivo de la inversión no consiste en ganar más dinero que la media, sino en ganar suficiente dinero para satisfacer sus propias necesidades. Lo que importa no es cruzar la meta antes que el resto, sino asegurarse de que uno llega a su meta.

Unas recientes investigaciones revolucionarias de la ciencia neurológica indican que nuestros cerebros están diseñados para percibir tendencias donde no las hay. Después de que un acontecimiento suceda dos o tres veces seguidas, ciertas zonas de nuestro cerebro se activan y anticipan que va a suceder de nuevo. Si el acontecimiento se repite, un producto químico natural denominado dopamina se libera, inundando el cerebro de una leve euforia. De esta forma, si una acción sube unas cuantas veces, creerá que seguirá subiendo, y su química cerebral se modificará a medida que suba la acción, con lo que disfrutará usted de un subidón natural. En la práctica, se hará adicto a sus propias predicciones.

Sin embargo, cuando las acciones pierden valor, la pérdida financiera pone en marcha otra parte del cerebro otra parte del cerebro, encargada de procesar el temor y la ansiedad, y que es responsable de la famosa respuesta de luchar o salir huyendo habitual en todos los animales acorralados.

De hecho, los brillantes psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky han demostrado que el temor a la pérdida financiera tiene una intensidad de más del doble que el placer que se consigue una ganancia equivalente. Perder dinero resulta tan doloroso, que muchas personas, aterrorizados ante la perspectiva de una pérdida aún más grave, se desprenden de sus inversiones prácticamente cuando han tocado fondo, o se niegan a comprar más.

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