jueves, 22 de octubre de 2009

Evolucionismo de mercado. Jorge de Lalama. Capítulo V. El inversor inteligente de Benjamin Graham. Parte I.

Para invertir con éxito durante toda la vida no es necesario un coeficiente intelectual estratosférico, un conocimiento empresarial extraordinario ni información privilegiada. Lo que hace falta es una infraestructura intelectual que permita adoptar decisiones y la capacidad de evitar que las emociones deterioren esa infraestructura. Este libro establece de manera precisa y clara la infraestructura que hace falta. A usted le corresponde adoptar la disciplina emocional.

Cuanto más irracional sea el comportamiento del mercado, más oportunidades tendrá el inversor que se comporte de manera profesional.

-Una acción no es un simple símbolo en una tabla de cotización o un pulso electrónico; es una participación en la propiedad de un negocio real, con un valor subyacente que no depende de la cotización de la acción.

-El mercado es un péndulo que oscila constantemente entre un optimismo insostenible (que hace que las acciones sean demasiado caras) y un pesimismo injustificado (que hace que sean demasiado baratas). El inversor inteligente es un realista que vende sus acciones a optimistas y compra a pesimistas.

-El valor futuro de las inversiones es una fracción de su precio actual. Cuanto mayor sea el precio que se paga, menor será la rentabilidad que se obtenga.

-El secreto del éxito financiero está dentro de la persona. Si se llega a ser un pensador crítico que no acepta ningún hecho del merado de valores como artículo de fe, y si se invierte con una confianza paciente, se podrá sacar un buen partido de manera sostenida, incluso en los peores períodos bajistas del mercado. Desarrollando la disciplina y el coraje personal es posible impedir que los cambios de humor de otras personas rijan el destino financiero personal. Al final, el comportamiento que tienen las inversiones de una persona es mucho menos importante que el comportamiento que tiene esa persona.

Los que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo.

En nuestra experiencia y observación del mercado de valores, que cubre más de 50 años, no hemos conocido a una sola persona que haya ganado dinero de manera consistente o duradera aplicando ese principio de seguir el mercado. No tenemos ninguna duda a la hora de afirmar que este método es tan falaz como popular.

Las perspectivas evidentes de crecimiento físico de un sector no se traducen en beneficios evidentes para los inversionistas.

El principal problema del inversor, e incluso su principal enemigo, es muy probable que sea el mismo.

El hábito de relacionar lo que se paga con lo que se ofrece es un rasgo valiosísimo a la hora de invertir. Preguntar: ¿Cuánto cuesta?.

Los resultados de las predicciones publicadas del mercado de valores elaboradas por agencias de bolsa, respecto de las cuales hay elocuentes pruebas de que sus previsiones, basadas en complejos cálculos, han sido menos fiables que si las hubiesen elaborado limitándose a lanzar una moneda al aire.

Hay pruebas de que un elevado coeficiente intelectual y una gran formación académica no son suficientes para conseguir que un inversor sea inteligente. En 1998, Long-Term Capital Management L.P, un fondo de gestión alternativa dirigido por un batallón de matemáticos, informáticos y dos economistas ganadores del Nobel, perdieron más de 2.000 millones $ en cuestión de semanas, al apostar una enorme cantidad a que el mercado de bonos volvería a una situación normal. Sin embargo el mercado de bonos siguió empeñado en que su situación fuese cada vez más anormal, y LCTM se había endeudado hasta un nivel tal que su quiebra estuvo a punto de hundir el sistema financiero mundial.

La cuestión de ser un inversor inteligente es más una cuestión de carácter que de cerebro.

Aunque el entusiasmo pueda ser necesario para los grandes logros en otros ámbitos, en Wall Street conduce de manera prácticamente invariable al desastre.

Los juicios de otros no se pueden imponer sobre los propios.

Aunque parece sencillo predecir qué sector va a crecer más deprisa, esa capacidad de previsión no tiene valor real si la mayor parte de los demás inversores ya no prevén lo mismo.

Las acciones son menos arriesgadas a medida que su cotización desciende.

El inversor inteligente teme el mercado alcista con acciones caras y se posiciona en los mercados bajistas.

Una operación de inversión es aquella que, después de realizar un análisis exhaustivo, promete la seguridad del principal y un adecuado rendimiento. Las operaciones que no satisfacen estos requisitos son especulativas.

No mezcle nunca sus operaciones especulativas y sus operaciones de inversión en la misma cuenta, ni en ninguna parte de su proceso de reflexión.

Los pagos de intereses de las obligaciones de buena calidad están mejor protegidos y, por tanto, son más seguros que los dividendos y las revalorizaciones de las acciones.

En muy raras ocasiones se pueden hacer predicciones fiables sobre las variaciones de los precios, en términos absolutos o relativos.

El inversor defensivo debe limitarse a las acciones de empresas importantes que tengan un prolongado historial de explotación rentable y que se encuentre en una sólida situación financiera.

Promediar el coste en unidades monetarias, que significa simplemente que quién emplea este método invierte en acciones el mismo número de unidades monetarias cada mes o cada trimestre. De esta forma adquiere más acciones cuando el mercado está en su punto más bajo que las que adquiere cuando está en un punto elevado, y lo más probable es que a la larga obtenga un precio general satisfactorio para toda su cartera.

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