miércoles, 7 de octubre de 2009

Evolucionismo de mercado. Jorge de Lalama. Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. Keynes. Capítulo IV. Parte VI.

La distinción entre los rendimientos crecientes y constantes depende, en parte, de si los trabajadores son remunerados en proporción estricta a su eficacia. De ser así, tendremos costos de trabajo constantes (en unidades de salarios) cuando el empleo crece. Pero si el salario de cierta clase de trabajadores es constante, independientemente de la eficacia de los individuos, tendremos costos de trabajo crecientes, cualquiera que sea la eficiencia del equipo.

El precio de la oferta sube a medida que la producción de un equipo determinado sea mayor. Así el aumento de la producción irá seguido de un alza de precios.

Cuando aumenta la producción se llega a un embotellamiento en los que la oferta de determinados bienes deja de ser elástica y sus precios tienen que subir al nivel necesario, cualquiera que sea, para desviar la demanda en otras direcciones. Tan pronto como la producción haya subido lo suficiente para empezar a alcanzar "embotellamientos", es probable que ocurra un alza violenta en los precios de ciertas mercancías.

Un cambio moderado en la demanda efectiva que se presente en circunstancias de amplia desocupación puede influir muy poco en elevar los precios y mucho en aumentar la ocupación.

Cuando un nuevo crecimiento en el volumen de la demanda efectiva no produce ya un aumento de la producción y se traduce sólo en un alza de la unidad de costos, en proporción exacta al fortalecimiento de la demanda efectiva, hemos alcanzado un estado que podría designarse apropiadamente como de inflación auténtica.

Si la cantidad de dinero sigue siendo muy escasa a lo largo del tiempo, la solución se hallará normalmente en el cambio del patrón o del sistema monetario, de manera que se eleve la cantidad de dinero, más bien que obligando a la unidad de salarios a bajar y, por tanto, aumentando la carga de las deudas.

La duración que justifica el que llamemos ciclo, se debe sobre todo a cómo fluctúa la eficiencia marginal del capital.

Por movimiento cíclico queremos decir que, al progresar el sistema, por ejemplo, en dirección ascendente, las fuerzas que lo empujan hacia arriba al principio toman impulso y producen efectos acumulativos unas sobre otras, pero pierden gradualmente su potencia hasta que, en cierto momento, tienden a ser reemplazadas por los operantes en sentido opuesto, las cuales a su vez, toman impulso por cierto tiempo y se fortalecen mutuamente hasta que ellas también, habiendo alcanzado su desarrollo máximo, decaen y dejan sitio a sus contrarias.

El hecho de que la substitución de un impulso descendente por otro ascendente ocurre con frecuencia de modo repentino y violento, mientras que, por regla general, no existe un punto de inflexión tan cortante cuando el movimiento ascendente es substituido por la tendencia a bajar.

La eficiencia marginal del capital no depende sólo de la abundancia o escasez existente de bienes de capital y el costo corriente de producción de los mismos, sino también de las expectativas actuales respecto al futuro rendimiento de los bienes de capital. En el caso de los bienes durables resulta natural y razonable, por tanto, que las expectativas del futuro jueguen un papel dominante en la determinación de la escala en que parezcan recomendables nuevas inversiones.

La explicación más típica, y con frecuencia la predominante de la crisis, no es principalmente un alza en la tasa de interés, sino un colapso repentino de la eficiencia marginal del capital.

Las últimas etapas del auge se caracterizan por las expectativas optimistas respecto al rendimiento futuro de los bienes de capital, lo bastante fuertes para equilibrar su abundancia creciente y sus costos ascendentes de producción y, probablemente también, un alza en la tasa de interés. Es propio de los mercados de inversión organizados que, cuando el desencanto se cierne sobre uno demasiado optimista y con demanda sobrecargada, se derrumba con fuerza violenta, y aun catastrófica, bajo la influencia de compradores altamente ignorantes de lo que compran y de los especuladores, que están más interesados en las previsiones acerca del próximo desplazamiento de la opinión del mercado, que en una estimación razonable del futuro rendimiento de los bienes de capital. Además, el pesimismo y la incertidumbre del futuro, que acompaña a un derrumbamiento en la eficiencia marginal del capital, naturalmente precipita un aumento decisivo en la preferencia por la liquidez - y de aquí un alza en la tasa de interés-. De este modo, el hecho de que un derrumbamiento de la eficiencia marginal del capital tienda a ir acompañado por un alza en la tasa de interés, puede agravar mucho el descenso de la inversión.

Posteriormente un descenso en la tasa de interés será de gran ayuda para la recuperación.

El colapso de la eficiencia marginal de capital puede ser tan completo que no se baste ninguna reducción factible en la tasa de interés. Sólo el retorno de la confianza puede restablecer la eficiencia marginal de capital.

Ha de transcurrir un intervalo de tiempo de cierta magnitud antes de que empiece la recuperación.

NOTA: La eficiencia marginal del capital se define en términos de expectativa del rendimiento probable y del precio de la oferta corriente del bien de capital. Depende de la tasa de rendimiento que se espera obtener del dinero si se invierte en un bien recién producido.

En una crisis la desilusión viene porque de repente surgen dudas en relación con la confianza que puede tenerse en el rendimiento probable, quizá porque la actual muestra señales de baja a medida que las existencias (inventarios) de bienes durables de reciente producción aumentan en forma sostenida. Si se piensa que los costos corrientes de producción son más altos de lo que serán posteriormente, habrá una razón más para la baja en la eficiencia marginal del capital. Una vez que la duda surge, se extiende rápidamente. Así al principio de la depresión hay probablemente mucho capital cuya eficiencia marginal ha llegado a ser insignificante y hasta negativa.




No hay comentarios: