domingo, 30 de agosto de 2009

Evolucionismo de mercado. Jorge de Lalama. Capítulo II. Psicología de masas. Parte II.

Estas opiniones para ser aceptadas por la masa deben ser emitidas por personas de reconocido prestigio a través de los medios al servicio de los operadores de mercado. Repetidas una y otra vez por los analistas acabarán creando una corriente de opinión que cambiará la tendencia.

Cada uno de los componentes de la masa toma estas opiniones como propias, arremetiendo frontalmente con todo lo que se interponga contra esta opinión. El componente no se siente dentro de la masa, no siente que está dentro de un rebaño de corderos camino del matadero, sino que entodo momento piensa que tiene el control absoluto de la situación aunque al final para lo único que sirve es para ser usado como instrumento de los grandes operadores del mercado que llegado el momento lo sacrificarán con el resto del rebaño.

El componente paradógicamente basándose en su modo de actuar en el precio del activo, ignorando del todo que este es totalmete subjetivo dependiendo de la tendecia, el ciclo económico o las expectativas cree por increible que parezca que actúa de un modo frío y calculador aunque sólo sea un tonto más.

El prestigio crea una fascinación que paraliza todas nuestras facultades críticas y colma nuestra alma de asombro y respeto. La opinión de un analista de prestigio nunca será puesta en entredicho aunque a la larga resulte dañina para los intereses de los inversores, mientras que la opinión razonada de otro individuo sin prestigio alguno será ignorada.

Por el mero hecho de ocupar un individuo cierta posición, de poseer determinada fortuna, acaparar algunos títulos, se halla aureolado de prestigio, por nula que pueda ser su valía personal. Tales títulos valen para estafar al incauto que se preste a ello, a los tontos útiles de la Bolsa.

Tratad mal a los hombres, matadlos por millones, perpetrad invasiones, todo os será permitido si poseeis un grado suficiente de prestigio y el talento necesario para mantenerlo.

El prestigio siempre desaparece con el fracaso. La reacción será incluso tanto más intensa cuanto mayor haya sido el prestigio. Los creyentes rompen siempre con furor las estatuas de sus antiguos dioses.

Las crisis que comienzan son en realidad creencias que concluyen. Se implanta entonces un nuevo dogma en el alma de las masas, se convierte en el inspirador de sus instituciones, sus artes y su conducta. Ejerciendo una tiranía sobre las almas que ningún espíritu puede combatir.

La misión de todo experto en Bolsa y de todo pensador en general consisite en buscar aquello que subsiste de las antiguas creencias bajo los cambios aparentes y distinguirlo en la móvil corriente de las opiniones, es lo que se llama creencias generales que actualmente se van disolviendo ante la inundación de información que fluctua de un lado a otro siguiendo la opinión de las masas.

Las masas tienen opiniones impuestas, jamás opiniones razonadas.

Es indiscutible que las civilizaciones han sido obra de una pequeña minoría de espíritus superiores que constituían la punta de la pirámide, cuyos pisos van ensanchándose a medida que disminuye el valor mental y representan los estratos más profundos de una nación.

Con las creencias de las masas no hemos de enfrentarnos, como tampoco con los ciclones. Tan sólo el tiempo actúa sobre ellos.

El hecho de que un individuo sepa griego o matemáticas, sea arquitecto, veterinario, médico o abogado no le dota de particulares luces en cuestiones de sentimientos. En cuestiones de sentimientos todas las ignorancias se igualan.

La obra de una masa es siempre y en todo inferior a la de un individuo aislado.

El aumento de la libertad aparente, es seguido por una disminución de la libertad real mediante la creación de medidas legislativas, por lo general de orden restrictivo todas ellas, conduce forzosamente a aumentar el número, el poder y la influencia de los funcionarios encargados de aplicarlas. Dichos funcionarios tienen un poder casi absoluto pues la casta administrativa escapa a los cambios de gobierno.

Víctimas de la ilusión de que multiplicando las leyes quedan mejor aseguradas la igualdad y la libertad, los pueblos aceptan cada día trabas más pesadas y van limitando progresivamente la esfera dentro de la cual pueden moverse libremente convirtiéndose en sombras vacías, autómatas pasivos, sin resistencia ni fuerza.

La crisis financiera es una consecuencia directa de una crisis de valores, la desaparición de un ideal que conformaba nuestra civilización en una unidad perfecta de pensamientos. El ideal colectivo fue sustituido por un excesivo desarrollo del individuo que actúa para sí y no para los demás, sin pensar los efectos que sus acciones puedan causar sobre los demás. Individuos sin cohesión que han hecho naufragar las instituciones que velaban por nuestra seguridad. Entonces divididos por sus intereses y aspiraciones, no sabiendo ya gobernarse, los hombres piden que se les dirija hasta en sus menores actos y el Estado ejerce su absorbente influencia retornando al punto de partida: la masa. La plebe es la reina y los bárbaros avanzan. Pasar de la barbarie a la civilización persiguiendo un sueño, declinar y morir luego, cuando dicho sueño ha perdido su fuerza, éste es el ciclo de la vida de un pueblo.

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