martes, 9 de junio de 2009

El origend de las especies. Charles Darwin. Capítulo I La variación en estado doméstico

CAUSAS DE VARIABILIDAD.

Cuando comparamos a los individuos de la misma variedad o subvariedad de las plantas actuales que desde hace mucho tiempo van siendo cultivadas, y de nuestros animales domésticos más antiguos, una de las primeras cosas que más nos extraña es, sin duda, ver cómo generalmente difieren entre sí en mayor escala unos individuos de otros que los individuos de cualquier otra especie o variedad estudiada en el estado natural. Nos vemos obligados a concluir que esta gran variabilidad es debida a que nuestras producciones domésticas se han formado en condiciones de vida menos uniformes, diferentes de aquellas a las que había sido primitivamente expuesta la especie madre en la naturaleza.

Después de dedicarle al asunto mucha atención, debemos decir que, al parecer, las condiciones propias de la vida obran de dos modos: 1°, directamente sobre el conjunto de la organización o sobre ciertas partes tan sólo; 2°, indirectamente, afectando al sistema reproductivo.

A. DIRECTAMENTE en partes.
B. INDIRECTAMENTE a través del sistema reproductivo.

A. DIRECTAMENTE.

1. Naturaleza del organismo.

Variaciones semejantes surgen en condiciones desemejantes.

Efectos en la prole:

1.1 Definidos
Individuos de una misma descendencia expuestos a ciertas condiciones durante varias generaciones.

1.2 Indefinidos
Cambio de estructura individual dentro de una misma generación.

2. Naturaleza de las condiciones.

EFECTOS DEL HABITO Y DEL USO O DESUSO DE LAS PARTES. VARIACIÓN CORRELATIVA. HERENCIA.

El uso o desuso de las partes ha tenido en ellas una influencia más marcada; así encontramos en el pato doméstico que los huesos del ala pesan menos y los huesos de la pierna más, en proporción a todo el esqueleto, que lo que pesan los mismos huesos en el pato salvaje; y este cambio puede atribuirse, sin riesgo de equivocarse, a que el pato doméstico vuela mucho menos y anda mucho más que sus salvajes padres.

Variación correlativa. Los cambios importantes del embrión o larva ocasionan probablemente los cambios del animal adulto.

La opinión exacta sobre el asunto, en general reside en mirar a la herencia de cualquier rasgo como regla, y a la no-herencia como anomalía.

CARÁCTER DE LAS VARIEDADES DOMÉSTICAS; DIFICULTAD DE DISTINGUIR ENTRE VARIEDADES Y ESPECIES; ORIGEN DE LAS VARIEDADES DOMÉSTICAS DE UNA O MÁS ESPECIES.

Si examinamos ahora las variedades hereditarias, o sea la razas de nuestros animales y plantas en estado doméstico, y las comparamos con especies íntimamente unidas, descubriremos generalmente en cada raza doméstica, como ya lo hemos notado, menos uniformidad de carácter que en las verdaderas especies.

En una casta que se ha cruzado sólo una vez, la tendencia a volver a algún carácter derivado de tal cruzamiento será naturalmente cada vez menor, y en cada generación sucesiva quedará menos dosis de sangre extraña; pero cuando no ha habido cruzamiento y hay tendencia en la casta a volver a algún carácter que se perdió en alguna generación anterior, esta tendencia parece, por el contrario, poder transmitirse sin disminución por un número indefinido de generaciones.

PRINCIPIOS DE SELECCIÓN ANTIGUAMENTE PRACTICADOS Y SUS EFECTOS.

La clave de esto se encuentra en la facultad que tiene el hombre de acumular fenómenos de selección. La naturaleza da variaciones sucesivas, y el hombre las va dirigiendo en ciertas direcciones que le son útiles, pudiendo en este sentido decirse que el hombre ha creado para sí las razas de las que recibe tanta utilidad, de modo que solamente los mejores entre los mejores son, en definitiva, los que se destinan a la cría.

Es evidente es que las buenas y las malas cualidades son hereditarias.


SELECCIÓN METÓDICA E INCONSCIENTE. ORIGEN DESCONOCIDO DE NUESTRAS PRODUCCIONES DOMÉSTICAS.

Es más importante una forma de selección que podría llamarse inconsciente, y que resulta a todo el que intenta poseer los mejores animales y hacerlos reproducirse. Así, el hombre que quiere tener perros de muestra, naturalmente trata de elegir perros buenos y después cría con los mejores, aunque no tenga el deseo ni la esperanza de alternar permanentemente la casta. Este procedimiento, continuado por el transcurso de siglos, mejoraría y modificaría cualquier casta. Cambios lentos e insensibles de esta clase jamás pueden ser reconocidos, a menos que se hayan tomado mucho antes buenas medidas o cuidadosos dibujos de las razas en cuestión, que puedan servir después como punto de comparación.

Una gran suma de cambios lenta e inconscientemente acumulados explica a nuestro juicio el hecho notorio de que en cierto número de casos no podamos reconocer, y por lo tanto ignoremos, los troncos silvestres, orígenes de las plantas que han sido cultivadas desde hace mucho tiempo en nuestros jardines y huertas. Si se han necesitado cientos o miles de años para mejorar o modificar la mayor parte de nuestras plantas hasta su tipo actual, tan útil para el hombre, podremos fácilmente entender cómo Australia, el Cabo de Buena Esperanza u otras regiones habitadas por el hombre completamente incivilizado no han podido darnos una sola planta que valga la pena de ser cultivada. No es que estos países, tan ricos en especies, no posean por extraña casualidad los troncos originales de plantas útiles, sino que las plantas del país no han sido llevadas por la selección continuada hasta un punto de perfección comparable con la adquirida por las plantas en los países antiguamente civilizados.

En la opinión presentada aquí acerca del papel importante que ha desempeñado la selección ejercida por el hombre, se hace desde luego evidente por qué nuestras razas domésticas se adaptan en estructura o en hábitos a las necesidades o caprichos del hombre. Podemos, a nuestro juicio, entender además el carácter frecuentemente anormal de nuestras razas domésticas y explicarnos por qué las diferencias son tan grandes en los caracteres externos, como relativamente pequeñas en las partes internas u órganos. El hombre apenas puede escoger, y si puede es con mucha dificultad, las desviaciones de estructuras, excepto las que son externamente visibles; y cuidándose muy raras veces lo que es interno. Nunca puede verificar la selección, a no ser en aquellas variaciones que en escaso grado la misma naturaleza le muestra de antemano. El primer hombre que escogió una paloma con cola ligeramente más larga, seguramente ni se imaginó lo que los descendientes de esa paloma llegarían a hacer por selección, en parte inconsciente, y en parte metódicamente continuada.

CIRCUNSTANCIAS FAVORABLES A LA FACULTAD DE SELECCIÓN DEL HOMBRE.

No podrá obtenerse un gran número de individuos de un animal o de una planta, sin que sean favorables las condiciones para su propagación. La fresa comenzó a variar justamente cuando los jardineros empezaron a prestarle cuidados a esa planta. Cruzando distintas especies, aparecieron las muchas y admirables variedades de la fresa que se han visto durante los últimos cincuenta años.

Lo que más nos importa es que las variedades domésticas de la misma especie se diferencian unas de otras en casi todos los rasgos que el hombre ha atendido en la selección, más de lo que se diferencian las distintas especies del mismo género.

Parece predominar la acción acumulada de la selección, aplicada metódica y prontamente, de un modo inconsciente y lento, aunque más eficaz.

Documental:

El Genio de Darwin - La vida, Darwin y todo lo demás 2/5



El Genio de Darwin - La vida, Darwin y todo lo demás 3/5
















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